Por LILIANA CASTILLO
Hay informes que enumeran lo hecho. Y hay otros que permiten medir hasta dónde puede llegar un gobierno cuando quien lo encabeza entiende que gobernar también significa gestionar, insistir y conseguir.
El segundo informe de Lorena García Cázares dejó precisamente esa lectura: una administración que busca pasar de la operación cotidiana a proyectos capaces de modificar el rumbo de Tulancingo. La diferencia está en las obras que durante años parecieron lejanas y que hoy comienzan a tomar forma, en los acuerdos que tuvieron que construirse y en una manera de gobernar marcada por el orden, la disciplina y una visión empresarial.
El acto, además, tuvo el sello que ha acompañado a la alcaldesa: pulcritud, organización y atención al detalle. No es casualidad. Su trayectoria como empresaria parece reflejarse en la forma de asumir los retos: carácter para decidir, audacia para abrir puertas, responsabilidad para responder y persistencia para no soltar un proyecto hasta encontrarle una ruta.
Y quizá lo más significativo estuvo en quienes hablaron de Lorena García desde su propia experiencia.
Empresarios reconocieron el respaldo al sector productivo y al desarrollo económico; enlaces municipales destacaron su presencia en colonias y comunidades, su cercanía y la atención a las demandas. Porque gobernar no es solamente administrar recursos desde un escritorio. Es estar en la calle, escuchar, insistir, negociar y regresar con respuestas.
Y en Tulancingo, el mensaje de este segundo informe fue claro: la gestión se está haciendo en territorio, con carácter y con la mirada puesta en resultados.
Y hay un ejemplo que puede pesar más que cualquier cifra del informe: la llamada “Bajada de la Muerte” y el proyecto Pitula-San Alejo.
Durante años, ambas vías han estado asociadas a accidentes y pérdidas humanas. Ahora, el proyecto para un nuevo acceso al Valle de Tulancingo y la ampliación a cuatro carriles del entronque Pitula-San Alejo colocan sobre la mesa una intervención de dimensión regional. La ampliación contempla 22 kilómetros y una inversión federal reportada de 3 mil 500 millones de pesos.
Eso cambia la conversación.
Porque no estamos hablando solamente de una obra municipal. Estamos hablando de movilidad, seguridad carretera, conectividad y de una infraestructura que puede modificar la manera en que Tulancingo se relaciona con su entorno.
La gestión política también se mide por la capacidad de conseguir que proyectos largamente esperados encuentren una ruta de realización. Y ahí la formación empresarial de Lorena García cobra especial relevancia: entender que una inversión no aparece por decreto y que detrás de una obra de esa magnitud hay gestión, negociación, expedientes, acuerdos y seguimiento.
El informe también dejó constancia de un trabajo menos espectacular, pero indispensable.
Durante el segundo año se reportaron 31 obras de pavimentación, 14 mil 755 metros cuadrados de bacheo, intervención en 345.27 kilómetros de caminos rurales y comunales, 5 mil 650 metros de nuevas líneas de agua potable y 11 obras de drenaje sanitario.
En materia hídrica y pluvial se informó una inversión superior a 14 millones de pesos, un avance de 80 por ciento en la planta de tratamiento de aguas residuales de Ahuehuetitla y el retiro de más de 17 mil metros cúbicos de azolve de ríos y drenes.
En seguridad, el Mando Coordinado reportó 176 puestas a disposición ante el Ministerio Público, la recuperación de 84 vehículos con reporte de robo y mil 386 detenciones por faltas administrativas. A ello se sumó la incorporación de 165 nuevas cámaras para hogares y comercios.
En el terreno social, mil 710 mujeres recibieron atención psicológica y jurídica; 2 mil 027 personas con discapacidad y cuidadoras recibieron asistencia, mientras que las brigadas y jornadas integrales de salud alcanzaron a más de 15 mil 600 habitantes.
Son cifras que permiten dimensionar una administración que no solamente está mirando las grandes obras, sino también los problemas cotidianos.
Pero las grandes obras son las que pueden definir el legado.
Y en ese terreno, Tulancingo parece estar entrando en una etapa distinta.
La ampliación de Pitula-San Alejo, el nuevo distribuidor vial y el proyecto de un nuevo acceso al Valle no son únicamente asuntos de concreto y asfalto. Son decisiones que pueden influir en el crecimiento urbano, la actividad económica, los tiempos de traslado y la seguridad de miles de personas.
A eso habría que sumar la llegada de nuevas inversiones privadas y proyectos de desarrollo económico que el municipio ha buscado atraer. El propio informe reportó, además, recursos adicionales que llevaron el presupuesto municipal de 586 a 635 millones de pesos.
La etapa final de un gobierno municipal también sirve para medir qué queda realmente en pie. En el caso de Lorena García, quedan obras, proyectos de infraestructura, inversiones y gestiones que pueden trascender su administración.
La alcaldesa ha dicho que no buscará la reelección y que su objetivo es concluir el periodo con resultados concretos para Tulancingo.
Ahora viene la parte más interesante: con los proyectos avanzando, las obras se concretándose y la ciudad reconociendo esos resultados, el debate sobre Lorena García difícilmente terminará el día que entregue la Presidencia Municipal.
Ella ha dicho que no va por otro cargo.
El tiempo dirá si esa será la presidencia municipal, la última página de su historia política.
