Columna de Opinión

La Huasteca… ya se cansó de los mismos?

Algo está cambiando en la Huasteca hidalguense y muchos políticos todavía no terminan de entenderlo.

Durante décadas, el poder regional tuvo prácticamente el mismo rostro: hombres, grupos familiares, operadores eternos, exalcaldes reciclados, líderes que cambiaban de partido pero nunca abandonaban realmente el control político. La fórmula parecía inamovible. Cambiaban los colores, no los apellidos. Cambiaban las siglas, no las estructuras.

En medio de ese desgaste comienza a surgir otro fenómeno: el surgimiento de liderazgos femeninos con trabajo territorial real. Mujeres vinculadas a gestión social, atención comunitaria, programas de educación, estructuras indígenas y operación regional empiezan a ganar terreno donde los perfiles masculinos tradicionales han perdido credibilidad.

En municipios de la Huasteca y la Sierra ya aparecen nombres con presencia política propia, que podrían convertirse en candidatas competitivas rumbo a 2027.

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, comienza a instalarse seriamente la idea de que podrían ser ellas quienes tomen las riendas de la política regional.

Decir que es tiempo de las mujeres, tiene una connotación política más profunda. La gente empieza a mostrar cansancio frente al viejo modelo de hacer política en la Huasteca: el cacicazgo disfrazado de liderazgo, la operación territorial basada en favores, la política cerrada entre grupos y la simulación de renovación.

En municipios como Huejutla, Atlapexco, Huautla, Yahualica o San Felipe Orizatlán, la conversación pública ya no es la misma que hace diez años. Las redes sociales modificaron por completo la relación entre ciudadanía y poder. Antes el control político se construía desde estructuras territoriales; ahora también se mide desde percepción digital, exposición pública y capacidad de respuesta inmediata.

Y ahí muchos perfiles tradicionales simplemente no conectan.

Mientras algunos continúan haciendo política desde reuniones privadas, acuerdos de grupo o viejas prácticas clientelares, nuevos liderazgos —especialmente femeninos— están creciendo desde otro terreno, y no se trata solamente de una obligación de paridad. También es una necesidad electoral.

Además, existe otro elemento que muchos subestiman: el relevo generacional. El voto joven en la Sierra y la Huasteca ya no responde igual a las viejas formas de control político. Hay menos tolerancia al autoritarismo, al nepotismo y a los liderazgos impuestos.

La elección de 2027 podría convertirse en un punto de quiebre para la región.

No porque desaparezcan los grupos tradicionales —todavía conservan estructura y operación— sino porque por primera vez en mucho tiempo podrían enfrentar una competencia distinta: mujeres con trabajo territorial, perfiles comunitarios y liderazgos menos desgastados.

La pregunta ya no es si habrá renovación política en la Huasteca.

La pregunta es si los partidos entenderán a tiempo que la región, al parecer, carga con el cansancio de los mismos de siempre.

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