En un entorno donde muchos municipios apenas reaccionan a las presiones económicas, aquí comienza a delinearse una estrategia que, sin ser estridente, resulta consistente: fortalecer lo local para atraer lo externo. Y eso, en términos de desarrollo, suele ser la diferencia entre el discurso y los resultados.
Los datos recientes de la Secretaría de Fomento Económico no son espectaculares en volumen, pero sí reveladores en dirección. Doscientos microcréditos por un monto de 2 millones de pesos podrían parecer modestos en una lectura superficial; sin embargo, el enfoque es lo que importa. Se trata de inyectar liquidez en la base productiva, donde realmente se sostiene la economía cotidiana. Más aún, que el 60 por ciento de estos apoyos esté dirigido a mujeres no es un dato accesorio: es una definición de política pública con impacto social y económico.
Tulancingo está apostando, correctamente, por las micro y pequeñas unidades económicas. Ahí donde muchos ven informalidad, aquí se está viendo potencial. Los 40 registros de marca y las 23 capacitaciones que alcanzaron a casi 900 personas no son solo cifras administrativas; son pasos concretos hacia la formalización, hacia la profesionalización de quienes antes operaban sin herramientas ni acompañamiento.
Hay, además, un componente técnico que suele pasar desapercibido pero que resulta clave: la asesoría para tablas nutrimentales y códigos de barras. Puede parecer menor, pero en realidad es la puerta de entrada a mercados más amplios. Es, en términos simples, permitir que un producto local deje de ser local.
En materia de empleo, los números confirman la tendencia. La vinculación con 424 empresas y la colocación de más de 400 personas en lo que va del año —más de 10 mil durante 2025— hablan de un mercado laboral que se está moviendo. No es menor en un país donde la desconexión entre oferta y demanda de trabajo sigue siendo un problema estructural.
Todo esto ocurre en paralelo a otro fenómeno: el interés de inversionistas. Tulancingo empieza a aparecer en el radar de empresas de alcance nacional. Y esto no sucede por casualidad. La inversión no llega a territorios que no muestran orden, rumbo y condiciones mínimas de certidumbre.
En este contexto, la administración encabezada por la alcaldesa Lorena García Cázares parece haber entendido algo fundamental: el desarrollo económico no se decreta, se construye. Y se construye desde abajo, articulando financiamiento, capacitación y empleo, mientras se generan condiciones para que el capital externo encuentre razones para llegar.
No se trata de triunfalismos. Los retos siguen siendo amplios y el crecimiento, aún incipiente. Pero hay señales claras de que Tulancingo está dejando de ser un espectador para convertirse en un actor de su propio desarrollo.
Y en el escenario regional, eso ya es una ventaja.
