Carlos Silva, historiador, presentó en febrero de 2017 su libro Los días que cambiaron México. Contiene temas presentes en el tiempo, uno de ellos La muerte de un ídolo, título que bien sitúa a Pedro Infante, figura inolvidable de la cinematografía nacional. De él, escribió Ismael Rodríguez: “Ya había tenido dos accidentes y ya le había prohibido yo volar”. Infante le respondió: mira, papi, no puedo dejar de volar, yo sé que me voy a morir en un avión”. Lamentable presagio. Así fue. Murió el 15 de abril de 1957. Con María Félix estelarizó el filme Tizoc. Le otorgaron el Oso de Plata del Festival de Cine en Berlín como mejor actor en 1957, que ya no vio por su inesperada muerte. En sus primeras cintas no fue sobresaliente, después se posicionó como figura con Los Tres García, Nosotros los Pobres, La Oveja Negra, ¿Qué te ha dado esa mujer?, entre otras. Y por su deceso se escribió: “Pedro Infante ha muerto, su cuerpo entre un haz de hierros calcinado, un golpe terrible ha destrozado al corazón del pueblo. Nadie ocuparía el lugar de quien cantó…”Amorcito corazón, yo tengo tentación, de un beso…”.
