Columna de Opinión

Del ruido digital a la realidad en Tulancingo

La marcha convocada este domingo contra la presidenta municipal de Tulancingo, Lorena García Cázares, terminó por exhibir la distancia entre la narrativa construida en redes sociales y la realidad en las calles. La asistencia, de apenas unas decenas de personas, quedó muy por debajo de las expectativas generadas, y evidenció que, lo que se afirma en lo digital, no siempre se traduce en respaldo ciudadano.

Durante semanas se construyó la narrativa de un descontento generalizado. Las publicaciones se multiplicaron, los mensajes fueron contundentes y el discurso hacía pensar que Tulancingo viviría una gran manifestación de rechazo a su gobierno municipal… La realidad fue otra.

La movilización no confirmó esa percepción. Y eso obliga a formular una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿el reclamo es realmente ciudadano o la inconformidad está siendo magnificada por una estrategia política?

La pregunta no pretende desacreditar a quienes marcharon. Toda manifestación pacífica es legítima y toda crítica al gobierno merece ser escuchada. Lo que resulta cuestionable es la diferencia entre la intensidad de la campaña digital y la escasa capacidad de convocatoria que finalmente mostró en las calles.

Si el descontento fuera tan amplio como diariamente se proyecta en redes sociales, ¿por qué no se reflejó en una movilización de mayor dimensión?

La política moderna ha cambiado. Hoy una campaña permanente en redes puede dar la percepción de que se tiene el respaldo social. Y con ello generar tendencias e influir en la conversación cotidiana. Aunque eso no sea cierto.

En cualquier democracia es válido preguntarse quién impulsa determinadas narrativas, quién se beneficia de ellas y si detrás de algunas campañas existe algo más que un genuino malestar ciudadano. Son preguntas legítimas, especialmente cuando la fuerza del discurso digital no encuentra correspondencia en la participación presencial.

Lorena García, como cualquier autoridad, tiene la obligación de responder con resultados. La ciudadanía seguirá evaluando su gobierno por la seguridad, los servicios públicos, la obra y la capacidad para resolver problemas.

Las redes sociales son un extraordinario instrumento para expresar inconformidades; también pueden convertirse en herramientas de confrontación política. La diferencia entre una y otra comienza a hacerse evidente cuando llega el momento de abandonar la pantalla y ocupar el espacio público.

La marcha de este domingo no resolvió el debate sobre la administración municipal. Lo que sí puso sobre la mesa fue una duda razonable: quizá el mayor adversario de la alcaldesa no está hoy en las calles de Tulancingo, sino en una estrategia digital cuya capacidad de amplificar el descontento parece ser mucho mayor que su capacidad para movilizar ciudadanos.

En política, las percepciones importan. Pero los hechos también. Y los hechos de este domingo invitan, cuando menos, a revisar con mayor cautela las narrativas que diariamente circulan en las redes sociales.

Noticias Relacionadas

Andrés Velázquez Vázquez: postura crítica y firme en el Congreso de Hidalgo

Sin Filtro

Brenda Flores Alarcón: liderazgo con visión y compromiso educativo

Sin Filtro

La Cámara de Comercio de Pachuca tiene un presidente ilegal?

Sin Filtro