La historia suele repetirse, aunque pocas veces lo hace sobre rieles. Hidalgo, tierra que vio pasar durante décadas trenes cargados de minerales, trabajadores y sueños, vuelve a mirar hacia las vías con expectativa. El anuncio de que el tren México-Pachuca registra ya un avance de 37 por ciento y mantiene como meta su inauguración en 2027 no es un dato menor: representa la posibilidad de reconectar al estado con una tradición ferroviaria que parecía condenada a los libros de historia.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que tanto el tren México-Pachuca como el México-Querétaro avanzan conforme a lo programado y forman parte de una estrategia nacional para recuperar el transporte ferroviario de pasajeros, proyecto que contempla una inversión de 750 mil millones de pesos.
Más allá de las cifras, el anuncio despierta inevitables expectativas en Hidalgo. No es para menos. Durante generaciones, miles de hidalguenses han convertido el traslado diario hacia la Ciudad de México en una auténtica prueba de resistencia: tráfico interminable, accidentes, bloqueos y trayectos que, en ocasiones, parecen durar más que una telenovela completa.
El comandante del Agrupamiento de Ingenieros Felipe Ángeles, Gustavo Ricardo Vallejo Suárez, detalló que el proyecto contempla la construcción de 121 kilómetros de nuevas vías férreas, además de 10 kilómetros de viaductos y 47 kilómetros de vía sobre terraplén. Actualmente, las obras avanzan en diez frentes simultáneos.
Un dato curioso: Hidalgo fue una de las entidades clave en el desarrollo ferroviario nacional durante el siglo XIX, gracias a la actividad minera de regiones como Pachuca y Real del Monte. De hecho, el histórico Ferrocarril Mexicano, inaugurado en 1873 por el presidente Sebastián Lerdo de Tejada, transformó la economía de la región y consolidó la comunicación con el centro del país. Más de 150 años después, el estado vuelve a apostar por el tren como motor de desarrollo.
Por su parte, Andrés Lajous Loaeza, titular de la Agencia de Trenes y Transporte Público Integrado (ATTRAPI), informó que el primer tren destinado al servicio AIFA-Pachuca ya fue fabricado y arribará a México el próximo 25 de julio. La imagen resulta simbólica: mientras en buena parte del mundo los trenes representan modernidad, en México también evocan nostalgia, silbatos lejanos y estaciones que parecían detenidas en el tiempo.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. El avance de la obra también ha traído desafíos, particularmente en comunidades afectadas por la liberación del derecho de vía, así como preocupaciones relacionadas con el suministro de agua y el impacto social en municipios como Mineral de la Reforma. Según el Gobierno federal, se han realizado 268 mesas sociales con ejidos y comunidades para atender estas inquietudes.
La gran pregunta es si el tren logrará cumplir las expectativas de movilidad y desarrollo económico que hoy genera. Porque en Hidalgo, donde durante décadas se ha hablado de proyectos estratégicos que tardan años en concretarse, la ciudadanía observa con ilusión, pero también con cautela.
Por ahora, los rieles avanzan. Y aunque todavía faltan meses para escuchar el silbato inaugural, muchos hidalguenses ya imaginan el día en que llegar a la capital deje de ser una odisea digna de novela y vuelva a ser, simplemente, un viaje en tren.
